¿Es posible hoy “otra” Iglesia?

José Antonio Pagola.

Conferencia inaugural del curso de “Cristianisme i Justícia”

Quiero empezar con una pregunta candente. ¡Es posible, hoy, “otra” Iglesia?

¿Es posible que se inicie, hoy, una reacción revitalizadora en el seno de las comunidades cristianas?

¿Puede el cristianismo actual encontrar en su interior el vigor que necesita para iniciar un verdadero proceso de conversión hacia Jesús?

Y añadiría, pues es plena actualidad: ¿Está abriendo un horizonte el nuevo papa?

Respuesta a todas la preguntas anteriores:

¡Despertemos nuestras conciencias para escuchar lo que Jesús dice a nuestras comunidades!

Nadie, sino nosotros mismos, desde nuestras comunidades, puede revitalizar, encontrar, abrir, construir! Somos nosotros quien debemos ponernos en movimiento.

Como punto de partida a mis reflexiones voy a destacar lo que yo llamo hechos mayores, acontecimientos muy singulares que hoy están pasando.

1)     Riesgo cierto de la reacción automática.

Condicionados por tantos datos, encuestas y estudios, todos ellos negativos sobre la situación de nuestra Iglesia, nos arriesgamos a reaccionar sin discernir cual ha de ser la actitud correcta de seguimiento de Jesús. Constato en nuestras jerarquías y ciertos sectores de poder,  reacciones primarias, comportamientos autodefensivos, nerviosos, que a su vez contagian al creyente de a pie. ¡Cuidado! Esa actitud provoca que muchos vean la sociedad moderna como el gran enemigo del que defenderse. Y de la fe se hace una contracultura; y  de la iglesia un contrapoder.

2)     Añoranza de un “restauracionismo”.

La cúpula de la Iglesia parece que en estos 30 últimos años haya decidido a restaurar el pasado. En lugar de animar a caminar juntos, se cierra rígidamente a conservar la Tradición. Se infiltra, así, un conservadurismo religioso muy lejano del espíritu profético, creativo y valiente de Jesús.

3)     Pasividad generalizada.

Es el rasgo general de los que todavía no se han ido de la Iglesia. Una gran pasividad. Y de aquí no nos escapamos ninguno de los aquí presentes. Durante siglos se les ha educado, a la gran masa creyente, en el silencio, el conformismo, la obediencia ciega. Y los laicos, sin responsabilidades, son un cero a la izquierda, una masa diluida, una sal desnaturalizada. El primer gran obstáculo, pues, para una renovación es este: la entrega sumisa de todos ustedes a la jerarquía. ¿A quién puede atraer, hoy, una iglesia de este perfil? No es que la gente no venga, es que la que hay, ¡se va!

4)     Un hecho mayor positivo: La iglesia que quiere buscar caminos nuevos. El papa Francisco ha roto la dinámica de los últimos 30 años. Lean ustedes su homilía del día de Pentecostés: El Espíritu viene a liberar a la Iglesia de sus miedos milenarios. ¿A qué Iglesia se refiere? ¡A todos ustedes, que todavía están aquí!  ¿Se dan cuenta de sus miedos? ¿Son conscientes del terror que sienten ante la posibilidad que el Espíritu de Jesús les pueda mover de su cómodo sillón? Y sin embargo, si ustedes no se convierten a este Espíritu renovador, la iglesia, en Europa, cierra en pocos años. De hecho los estudios más serios así lo indican. No hay nada a hacer. Aunque, nunca se sabe por dónde puede soplar el Espíritu, pero las cosas están así. Por eso les digo, me digo a mi mismo también, muy seriamente: ¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos invita?

Unas proposiciones:PAGOLA22

Volver a Jesús, el Cristo.

Liberar la fuerza que tiene el Evangelio, en nuestras comunidades.

Recuperar el proyecto humanizador de Jesús.

Volver a la fuente verdadera.

Dejemos a Dios el aval de la vida y centremos en Jesús nuestras comunidades. Como es difícil, esto solo se lo podemos pedir a Él, no a las jerarquías. Cuanto más necesitados nos veamos, más humildes seremos y pediremos mejor. Y cómo pedir, que dice el evangelio.  Es importante saber desde dónde de nosotros mismos, de nuestras comunidades, podemos pedir esta conversión.  Pues desde un “estado“  de conversión que yo llamo sostenida. No se trata de que me convierta de una vez  y ¡anda!¡ ya está! No, no se trata de esto. Se trata más bien de vivir en un estado de “buena forma”, de permanente vigilia, atento a la conversión, a estar dispuesto a reorientarme permanentemente hacia Jesús y su evangelio. Porque si estoy vivo y me muevo, en medio de un mundo cambiante, debo orientarme a menudo. Si estoy sentado en mi sillón, jamás tendré ésta necesidad.

Este estilo de vida es lo único que podremos transmitir a los que vienen detrás de nosotros. Hoy en día los pastoralistas no saben bien hacia dónde ir. Por eso es importante crear un clima. ¿Saben? A mis sobrinos, sean de de un color político que sean, les importa un bledo Jesús. “No nos vengas con monsergas, tío”, me dicen.

Es precisa la conversión “al espíritu” que Jesús de Nazaret vivió y contagió a los suyos, un espíritu que lo antepone todo al reino de Dios. Porque cuando el proyecto del Reino de Dios no es lo primero para nosotros, lo básico, cuando los últimos no son los primeros, ello nos está diciendo que necesitamos convertirnos al Espíritu que animó a Jesús.

Si no es así, estaremos inventando cada año un objetivo, que siendo bueno en sí mismo, no es lo básico. Este año es el año de la fe, otro será el año de la reconciliación, otro el de los pobres, de los niños, de la familia o la misión, da igual. Siempre, en cambio, es el año del Reino de Dios.

El corazón de la Iglesia es nuestras comunidades. La Iglesia necesita un corazón nuevo, una conversión sin precedentes, del pueblo y sus pastores. Nadie sabe en qué se puede sostener la vida de las comunidades. ¿Estudios teológicos? ¿Planes estratégicos? ¿Proyectos bien estructurados? Es necesaria una conversión previa, volver a las raíces. Reactualizar la experiencia fundamental que se vivió al principio. Fíjense bien: digo reactualizar la experiencia, no copiar, entender o explicar la experiencia! Jesús nos pide movilizarnos. Allí donde vivimos la fe es preciso crear un clima para reproducir lo esencial del evangelio.

Ello implica una nueva relación con Jesús. Necesitamos comunidades marcadas por una experiencia nueva de Jesús, recuperar la identidad de seguidores. Repito: ¡Recuperar la identidad de seguidores! Ir pasando a una nueva fase de seguimiento, pues de lo contrario nos resignarnos a vivir el cristianismo sin conversión. Porque si no sentimos la voz de Jesús seremos una iglesia ciega, una iglesia que no sabe mirar el mundo. Y si no sabemos escuchar el sufrimiento de la gente, ¿Cómo podemos anunciar el evangelio?

Miren ustedes: Tenemos la obligación de revisar lo que hay de verdad y de mentira en nuestras celebraciones pastorales. Lo que hay de profético y lo que es autocomplacencia en nuestras obras. Lo que hay de búsqueda de nosotros mismos y lo que es búsqueda del Reino de Dios. Sin miedos, seamos serios y no tengamos rubor en reconocerlo: todos cargamos con el pecado.

Liberar la fuerza del Evangelio.

Otro punto muy importante, que ya he apuntado: Liberar la fuerza  del Evangelio. Tenemos necesidad urgente de ponernos en contacto directo con el Evangelio. La gente se ha ido y se va de la Iglesia. ¿Qué hemos de hacer? ¿Seguir con una pastoral de supervivencia, de mantenimiento? ¿O recuperamos urgentemente a Jesús y el Evangelio como fuerza decisiva para atraer de nuevo las gentes hacia Él? No es fácil recuperar el impacto del evangelio, pero si no vamos con el Evangelio y presentamos otra cosa, conseguiremos adeptos, miembros, pero nunca verdaderos discípulos.

Atrapada en las redes de una religión en crisis, la energía del Evangelio está cautiva. Y de este modo es imposible que despliegue toda su fuerza liberadora.  Por lo tanto ¿no es la hora de reclamar un nuevo estatus para el Evangelio? Nos incumbe a todos recuperar el protagonismo que el Evangelio tuvo en el origen de todo. Pienso que la refundación de la parroquia y la comunidad se da allí donde se acoge el Evangelio, porque tan solo él puede regenerar los tejidos en crisis. Por eso son precisos espacios donde todos podamos escuchar juntos, en comunidad, el evangelio. Darle la oportunidad que entre en contacto directo con la gente, que despierte en el pueblo sencillo la sed del Evangelio. Y sin que nadie se lo interprete, porque el Evangelio no se escribió para ser estudiado, sino como expresión de una experiencia, de una vida contagiada por el Espíritu que animó a Jesús. Es el pueblo cristiano, ustedes, el que salvará al cristianismo, no su jerarquía (como escribió Michel Légaud). El evangelio presenta un estilo de vida, creído, recordado y amado por aquellos que vivieron cerca de Jesús.

Ser regenerado a la fe, es entrar en contacto HOY con el Jesús del evangelio, vivir la fe como un estilo de vida, ¡siempre realizable!, a cualquier edad, en cualquier cultura, en cualquier época.

Leyendo el evangelio, entrando en contacto íntimo con él, aprendemos a vivir la misma fe que vivió Jesús, por atracción. Y por este mismo “enganche” colaboramos con pasión en su proyecto. Esto son más que simples palabras. Es una experiencia profunda, un encuentro! Por ello encontrándonos con Jesús recuperamos su proyecto humanizador, el proyecto del Reino de Dios, su pasión, muerte y resurrección, objetivo y verdadera razón de ser de la comunidad cristiana, de todos ustedes. De mí mismo.

Pero, ¡ay amigos! La Iglesia ha desplazado el Reino de Dios. ¡Nosotros hemos dejado que se desplazara el Reino de Dios!  Y al final, fijémonos bien, acabamos sólo preocupándonos de nuestros intereses. Eclesioscentrismo, que yo llamo. Una herejía de la altura de un campanario. Pero somos tan hipócritas, que nos decimos con una sonrisa: ¡Se que no es lo esencial, pero lo hago para mayor gloria de Dios. ¡Y nos quedamos tan anchos! Pues no señor. El primer proyecto de Jesús es el del Reino de Dios. Este es el centro de su vida y de su mensaje. Porque “sólo el Reino de Dios es absoluto” (escribió Pablo VI en su exhortación apostólica Evagelii Nuntiandi), o como también repitió Juan Pablo II, “La Iglesia está sobre todo orientada al Reino de Dios”. Qué lejos de tantos episodios de autorreferencialidad en la propia Iglesia. ¿Qué, qué es? Pues la habilidad que manifiesta un sujeto o una institución para hablar o referirse solo a sí misma. Jesús no pensó jamás así la Iglesia. La veía como un instrumento para la construcción del Reino de Dios, ¡no como un absoluto, madre mía!

EVANGELIZAR

Voy acabando. Evangelizar es abrir caminos al Reino de Dios. Después, como esto no son teorías, actuamos, porque el Reino no es una construcción “religiosa” de la mente o de la piedad del corazón. Se entra en él desde la práctica liberadora de Jesús. El no nos enseña a rezar para “ir al cielo”, sino para que venga el reino, ahora y aquí. Y eso sí depende de nosotros actualizarlo. Es cierto, como dice Lucas en su evangelio, que el Reino está dentro de nosotros, sí.

Pero como inicio, porque el Reino realmente acontece plenamente “fuera”: Se hace. Acoger el Reino de Dios, es acogerlo en la Vida, no solo en el corazón. Es por Jesús que Dios se relaciona y sana a la gente. Y hoy esta actualización acontece a través de nosotros, los cristianos. ¿Acontece…? O simplemente ¿“creemos” que podría acontecer?

Jesús preguntaba: ¿Qué te interesa más, la vida de las personas o “el culto al templo”? ¿Curar o guardar la ley y las apariencias? ¿Acoger a las personas o los ritos de expiación? Cambiemos adjetivos y pongámonos las mismas cuestiones.

Decía el teólogo de la esperanza alemán Juan Bautista Metz: “Cuando una comunidad está blindada por la religión, no puede entrar ni Dios”. Podemos sonreír, pero es así.

Acabo, con un cuadro realista, pero no por ello vacio de esperanza. Decía al principio que hagamos lo que hagamos, el futuro de Europa nos va a deparar una experiencia de religión decadente, en general. Un proceso imparable de descristianización e ignorancia religiosa y un desierto de vocaciones.  Nuestras comunidades serán cada vez más y más pequeñas y el ambiente general indiferente, sino hostil al hecho religioso. Pero precisamente por ello, las minúsculas comunidades existentes, serán núcleos vitales, verdadera sal, luz y fermento para la masa. El Evangelio en estado puro.

¿Cómo será? Pues no lo sé. Caminos tiene el Espíritu para sorprender y crear. Lo que sí puedo decirles, aunque yo no  lo veré, es que los que se sientan llamados por Jesús no quedarán indiferentes, pasivos, cristianos de salón que esperan que el Reino lo construya otro: serán verdaderos discípulos, apóstoles.

Esta llamada, amigos, empieza hoy. Como pueblo, hemos vivido veinte siglos de cristianismo mediocre, sumiso. Lo bueno está por llegar. Muchas gracias

Aplausos

¡Ay, ay, ay! A los verdaderos profetas jamás les aplaudían, les mataban!

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